San Celestino V, Papa

San Celestino V, un ermitaño que ascendió al Papado para luego abdicar, representa una figura fascinante y compleja en la historia de la Iglesia. Su vida, marcada por la decisión radical de renunciar al cargo papal, ha generado debate y admiración por igual. ¿Fue un acto de humildad excepcional o una muestra de cobardía? Este artículo se adentrará en la vida de este enigmático pontífice, explorando sus orígenes, su profunda devoción religiosa, su breve y controversial pontificado y su posterior canonización, dejando que los hechos hablen por sí mismos. Descubra la vida de un hombre que, a pesar de su breve y turbulento papado, dejó una huella indeleble en la Iglesia y en la historia.
Datos principales
| Datos | Detalles |
|---|---|
| Nombre completo | Pedro de Morrone |
| Fecha de nacimiento | c. 1215 |
| Fecha de muerte | 19 de mayo de 1296 |
| Lugar de nacimiento | Isernia, Abruzos, Italia |
| Lugar de fallecimiento | Castillo de Fumone, Lacio, Italia |
| Día de celebración | 19 de mayo |
| Elogios | Humildad extrema, vida dedicada a la oración y la penitencia, renuncia al papado. Considerado santo por la Iglesia por su profunda piedad y devoción |
| Atributos | Un anciano ermitaño con vestimenta sencilla; un borrico (animal de transporte), una celda. |
| Canonización | 5 de mayo de 1313 por Clemente V |
| Patronazgo | No existe un patronazgo específico atribuido a él. |
Nacimiento y primeros años
Pedro de Morrone, conocido posteriormente como San Celestino V, nació alrededor del año 1215 en Isernia, en los Abruzos, Italia. Hijo de una familia humilde de campesinos, fue el undécimo de doce hermanos. La inteligencia excepcional de Pedro, motivó a su madre, viuda, a realizar el sacrificio de enviarle a la escuela, a pesar de la oposición familiar. Desde temprana edad, demostró una inclinación a la vida contemplativa y solitaria, diferenciándose de sus coetáneos.
Vocación y conversión
A los veinte años, Pedro abandonó el mundo y se retiró a la soledad de la montaña, construyendo una pequeña celda extremadamente estrecha. Aunque deseaba la soledad absoluta, algunos amigos visitaron a Pedro, convenciéndolo de tomar las sagradas órdenes. Después de su ordenación sacerdotal en Roma, regresó a los Abruzos en 1246. Fue en esa época que adoptó el hábito benedictino de manos del abad de Faizola, quien lo permitió continuar con su vida de anacoreta.
Vida religiosa y obra
En Monte Morone, cerca de Sulmona, Pedro vivió durante cinco años, dedicado a la oración y la penitencia. Debido a las actividades de los vecinos que talaban los bosques, se trasladó a Monte Majella con dos compañeros, donde pronto se formó una comunidad. Al darse cuenta de la imposibilidad de mantener una vida solitaria extrema, decidió liderar una comunidad de ermitaños en Monte Morone, quienes finalmente construyeron un monasterio. Pedro redactó una rigurosa regla para su orden, basada en la regla de San Benito, obteniendo su aprobación por parte del Papa Gregorio X en 1274. Su orden se conoció posteriormente como la Orden de los Celestinos. Esta orden se extendió por toda Europa y perduró hasta la Revolución Francesa en Francia.
Milagros y hechos extraordinarios
Aunque los registros no detallan milagros atribuidos específicamente a San Celestino V durante su vida, se menciona la gran admiración del pueblo por su santidad y desprendimiento del mundo. Su elección como Papa fue vista por algunos como una señal del reinado del Espíritu Santo y el triunfo de las órdenes religiosas, alineándose con las predicciones de Joaquín de Fiore. La multitud que se reunió para aclamarlo como Papa es descripta como enorme, con el propio Papa llegando a la catedral montado en un borrico.
Muerte y canonización
Tras su breve y controversial pontificado, Celestino V renunció al cargo papal el 13 de diciembre de 1294 en Nápoles, citando su edad, inexperiencia y su condición de hombre inculto. Su sucesor, el cardenal Gaetani, con el nombre de Bonifacio VIII, exigió su presencia en Roma. Fue apresado y confinado en el castillo de Fumone, donde falleció el 19 de mayo de 1296. Se dice que sus últimas palabras reflejaban su deseo constante por la soledad y la contemplación. Su canonización, en 1313, reconocería su vida de profunda piedad y su decisión, sin precedentes, de renunciar al papado.
Elogios y culto posterior
La Iglesia Católica reconoció la santidad de Celestino V, valorando su vida de renuncia, contemplación y devoción, a pesar de la complejidad de su pontificado. La decisión de abdicar, aunque poco común, fue vista como un acto de humildad y valentía. La figura de Celestino es un testimonio de la búsqueda de la santidad y la tensión inherente entre la vida contemplativa y el servicio público. La decisión de abdicar no estuvo exenta de críticas. La leyenda y la historia posterior le han dado distintos matices, pero, en general, la admiración por su vida y su profundo sentimiento religioso ha prevalecido. Su legado se refleja en el culto y la veneración que se le otorga hasta nuestros días.
"Lo único que yo he deseado en este mundo es una celda y eso es lo que me han dado".
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